Santa Cruz alberga un conjunto de Mitos y leyendas que se mantienen a través de generaciones, reflejando la rica herencia cultural de la región que es transmitida de generación en generación mediante el relato oral. Entre estas leyendas destacan las historias del Guajojó, El Jichi, El Duende, El Carretón de la otra vida y La Viudita, relatos que siguen siendo parte integral de la identidad cruceña.
La leyenda narra que hace siglos, en una antigua tribu de la Chiquitanía, vivía una hermosa joven, hija del cacique. Esta joven se enamoró de un muchacho de menor estatus social, y ambos se encontraban en secreto para vivir su amor.
Sin embargo, el padre de la muchacha descubrió el romance y, decidido a poner fin a la relación, engañó al joven llevándolo a lo profundo de la selva, donde lo asesinó. Presintiendo que algo había ocurrido, la joven corrió a la selva solo para encontrar el cuerpo sin vida de su amado junto a su cruel padre. Desesperada y entre lágrimas, la joven reclamó a su padre por el crimen, amenazando con revelar todo a la tribu.
Para evitar ser delatado, el cacique, que también era chamán, decidió no matarla, pero la transformó en un ave nocturna mediante su magia. Justo antes de la metamorfosis, la joven logró pronunciar el nombre de su amado, "Guajojó". Desde entonces, en las noches de la selva, se escucha el triste y estremecedor sonido del guajojó, un ave maldita que clama por el asesinato de su amor.
El jichi
Para comprender lo que es el jichi, es necesario remontarse
a tiempos ancestrales y entender la forma de vida de los antiguos habitantes de
las llanuras de Santa Cruz. Estos pueblos originarios, de recursos limitados y
cuyas tierras no siempre les ofrecían lo necesario para sobrevivir, valoraban
profundamente el agua, un bien escaso especialmente durante la estación seca en
regiones como Grigotá, la sierra de Chiquitos y sus alrededores.
Debido a la importancia vital del agua, estos pueblos
crearon la figura del jichi, un ser sobrenatural encargado de proteger este
recurso. El mito del jichi, compartido por mojos, chanés y chiquitos, describe
a este guardián de las aguas como un ser zoomorfo, mitad culebra y mitad
saurio, con un cuerpo delgado, oblongo y gomoso, de color casi transparente que
le permite confundirse con las aguas en las que habita.
El duende
La leyenda describe a un pequeño ser de apariencia infantil,
con poderes sobrenaturales y una personalidad sumamente traviesa. Este
hombrecito, que se asemeja a un niño de entre 4 y 7 años, lleva un enorme
sombrero de saó que oculta casi por completo su rostro, aunque quienes afirman
haberlo visto aseguran que tiene ojos grandes y una expresión agresiva.
Conocido por raptar a niños, especialmente aquellos rubios y
no bautizados, "El Duende" los atrae con dulces y juguetes, los
hipnotiza, trenza su cabello, y juega con ellos hasta hacerlos llorar. Si los
padres actúan rápidamente, suelen encontrar al niño rodeado de matas y espinas,
y al intentar rescatarlo, son atacados por piedras y palos lanzados por el
Duende.
La única manera efectiva de ahuyentar a este ser es lanzando
excrementos, un olor que detesta profundamente. Sin embargo, antes de irse, el
Duende siempre se asegura de hacer algunas travesuras más, amarrando todo lo
que encuentra a su paso.
OTRAS LEYENDAS
La Leyenda de los Jinetes de la Noche: Se habla de un grupo
de gauchos que, tras haber perdido la vida en una batalla, regresan en forma de
espíritus para proteger a los viajeros en la oscuridad.
El Duende de la Selva: Un ser travieso que juega con los que
se adentran en los bosques, según se dice, ayuda a los que son respetuosos con
la naturaleza pero se ensaña con los que la maltratan.
La Cueva de las Manos: Más que una leyenda, es un sitio arqueológico que guarda una historia pictórica de los antiguos pueblos originarios, con huellas que cuentan su vida y sus creencias.
LA LEYENDA DE LA YAMANA
LA LEYENDA DEL CHUPACABRAS





